INTERNET Y LA NUEVA PARTICIPACION CIUDADANA

Estaremos de acuerdo en que nos movemos hacia un nuevo modelo de Estado y sociedad pero no tenemos la menor idea de qué es eso o qué debería ser. Deberíamos tener una conversación acerca de lo que es la democracia en nuestros días y nuestra época.

Pensemos en ello de la siguiente forma:

Somos ciudadanos del siglo 21, haciendo lo mejor que podemos, para interactuar con instituciones diseñadas en el siglo 19 basadas en tecnologías de la información del siglo 15.

Démosle un vistazo a algunas características del sistema:

Para empezar, está diseñado para una tecnología de la información de hace más de 500 años y el mejor sistema que se podría diseñar para algo así es uno en el que sólo unos pocos toman decisiones diarias en nombre de la mayoría y la mayoría puede votar una vez cada dos años.

En segundo lugar, los costos de la participación en este sistema son tremendamente altos. O bien se tiene mucho dinero e influencias, o se le dedica la vida completa a la política. Uno tiene que convertirse en miembro de un partido y lentamente empezar a labrarse el camino para llegar, tal vez, algún día, a ocupar un puesto en una mesa en la que se tomen decisiones.

Finalmente, aunque no menos importante, el lenguaje del sistema es increíblemente críptico. Está hecho por abogados, para abogados y nadie más lo puede entender. Es un sistema en el que podemos elegir nuestras autoridades, pero se nos deja totalmente excluidos del proceso que estas autoridades usan para tomar sus decisiones.

Y entonces, en una época en que las tecnologías de la información nos permiten participar en cualquier conversación global, en la que las barreras de la información han sido completamente superadas y podemos, más que nunca antes, expresar nuestros deseos y preocupaciones, nuestro sistema político es el mismo de los últimos 200 años y todavía espera que nos conformemos con ser simplemente receptores pasivos de un monólogo.

No es ninguna sorpresa que este tipo de sistema sólo pueda producir dos tipos de resultado: silencio o ruido.

Silencio en el sentido de tener ciudadanos que no se involucran, que simplemente no quieren participar. Hay este lugar común que a mí, en verdad, me disgusta, que es la creencia de que nosotros, los ciudadanos, somos apáticos por naturaleza, que le huimos al compromiso.

Pero… ¿realmente puede culpársenos por no avalanzarnos hacia la oportunidad de ir al centro de la ciudad, a mitad de la jornada laboral para asistir, físicamente, a una audiencia pública que no tendrá ningún impacto sobre nuestras vidas?

El conflicto es inevitable entre un sistema que ya no nos representa ni tiene ninguna capacidad de diálogo, y ciudadanos que se acostumbran cada vez más a representarse a sí mismos. Y luego está el ruido: Chile, Argentina, Brasil, México, Italia, Francia, España, Estados Unidos, son todas democracias.

Los ciudadanos tienen acceso a las urnas. Pero ellos todavía sienten la necesidad de tomar las calles para ser escuchados. Parece que el eslogan del siglo 18 que dio pie a la formación de nuestras democracias modernas, “No hay impuestos sin representación”, podría ahora actualizarse a “No hay representación sin conversación”.

Queremos nuestro lugar en la mesa, pero para ser parte de esta conversación, necesitamos saber qué hacer a continuación porque la acción política es ser capaz de pasar de la agitación a la construcción.

Esta generación está siendo increíblemente buena usando las nuevas redes y tecnologías para organizar protestas, protestas que fueron capaces de imponer agendas, revertir legislación extremadamente perjudicial y, en algunos casos, derrocar gobiernos autoritarios. Y tenemos que estar inmensamente orgullosos de ello. Ahora, también tenemos que admitir que no hemos sido muy buenos en usar esas mismas redes y tecnologías para articular con éxito una alternativa a lo que estamos viendo y para llegar a los consensos y construir las alianzas que se necesitan para lograrlo. Y el riesgo que enfrentamos es que podemos crear enormes vacíos de poder que rápidamente serán llenados por gobiernos de facto como los militares o grupos ya organizados y altamente motivados que por lo general se encuentran en los extremos.

Nuestra democracia no es sólo un asunto de votar una vez cada cuatro años. Y tampoco es la capacidad para reunir a millones en las calles. La pregunta que quisiera plantear aquí y que, en realidad, creo que es la más importante que debemos responder, es:

¿Si Internet es la nueva imprenta, qué es entonces la democracia para la era de Internet? ¿Qué instituciones necesitamos construir para la sociedad del siglo 21?

Lamentablemente, no tengo la respuesta. No creo que nadie la tenga. Pero, en verdad, creo que no podemos seguir ignorando más está pregunta así que me gustaría compartir con Uds. nuestra experiencia y lo que hemos aprendido hasta ahora, aportar nuestro granito de arena a esta conversación.

Hace unos meses, con un grupo de amigos de mi pueblo, nos empezamos a preguntar, “¿cómo hacer que nuestros representantes electos, efectivamente nos representen?

Marshall McLuhan alguna vez dijo que la política es resolver los problemas de hoy con las herramientas de ayer. La pregunta que nos motivó fue ¿podemos resolver algunos de los problemas actuales con herramientas que usamos en nuestras vidas todos los días?

Nuestro primer paso fue montar un Observatorio Ciudadano Municipal. Esta es una plataforma web de código abierto diseñada para servir de puente entre ciudadanos y administración local para hacer más fácil que participemos desde nuestras vidas cotidianas. En primer lugar, los vecinos pueden informarse, porque los presupuestos están disponibles en nuestra plataforma explicados, partida a partida, con un lenguaje sencillo y facilitando las consultas sobre cada una de ellas.

Pero todos sabemos que el cambio social no va a ser el resultado sólo de tener más información, sino de hacer algo con ella. El acceso a una mejor información debería conducir a una conversación acerca de lo que haremos luego y el Observatorio Ciudadano Municipal nos permite hacer eso. Porque sabemos que la democracia no es sólo asunto de apilar preferencias una encima de otra sino que un debate público, robusto y sano debería ser nuevamente uno de sus valores fundamentales.

Entonces el Observatorio Ciudadano Municipal es una herramienta para controlar y conocer la gestión que se realiza con nuestro dinero. Tiene que ver tanto con el conocimiento de las cuentas como con el control de los procedimientos y su legalidad. El resultado es que los vecinos pueden tener un referente claro e independiente donde informarse. Y si no se siente cómodo preguntando por un asunto determinado, siempre podrá delegar su consulta en el Observatorio, dando lugar a una consulta anónima que deberán contestar y que estará disponible en la web.

Al mismo tiempo, como “auditor” de los procedimientos, al tratarse de un órgano externo e independiente no puede intervenir en las votaciones municipales ni en las mesas de contratación pero puede hacerlo a través de un representante de cualquier partido que quiera canalizarlo con sus competencias.

Así que se volvió muy evidente que la tecnología no iba a ser suficiente. Lo que necesitábamos era encontrar a los actores capaces de tomar este trabajo y usarlo para tomar decisiones mejores y más justas. Así que fuimos a los partidos políticos tradicionales y les ofrecimos nuestra colaboración para asesorarles en cuestiones puntuales sobre las posibilidades de actuación además de la típica oposición en el pleno.

Dijimos, “Miren, esta es una plataforma independiente que Uds. pueden usar para asesorarse y actuar en favor de los ciudadanos”. ¡Y sí, fracasamos! ¡Fracasamos en grande! Nos usaron para colgarse medallas, y como si no existiéramos, ni agradecieron mínimamente la colaboración. Entre otras cosas, nos consideramos ingenuos. Y tengo que ser honesto: en retrospectiva, creo que lo fuimos. Porque los desafíos que enfrentamos no son tecnológicos, sino culturales. Los partidos políticos nunca han querido cambiar la forma en que toman las decisiones. Y entonces se hizo obvio que si queríamos ir a algún lado con esta idea, necesitábamos hacerlo públicamente. Y entonces realizamos un salto de fe, y en enero de este año decidimos que nuestros dictámenes y consejos se harían, además de a todos los partidos, al público para que después cualquiera pudiera comprobar hasta que punto cada partido tomaba en cuenta nuestra colaboración y al mismo tiempo quedaba reflejada la iniciativa.

Es nuestra forma de hackear el sistema político. Entendimos que si queríamos volvernos parte de la conversación debíamos volvernos actores válidos y transparentes, así que la única forma de hacer eso era jugando con las reglas del sistema. Estamos hackeando en el sentido de que estamos intentando cambiar radicalmente la forma en que los partidos políticos actúan en el Ayuntamiento.

Nuestro sistema político se puede transformar, y no con subversión o destrucción, sino rediseñándolo con herramientas que Intenet nos ofrece hoy por hoy. Pero el desafió real es encontrar, diseñar, crear, empoderar los conectores que pueden innovar, transformar ruido y silencio en señal, y finalmente traer nuestras democracias al siglo 21. No digo que sea fácil. Pero, por experiencia, sé que tenemos una verdadera oportunidad de hacer que funcione. Y sabemos que definitivamente, vale la pena intentarlo. Gracias.

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